Porque el espacio es uno de los puntos de contacto más directos entre lo que una marca promete y lo que el cliente realmente experimenta.
Un espacio comercial habla antes que cualquier discurso.
Dice cómo eres, cómo trabajas y qué puede esperar quien entra.
Paco Underhill lo explica con claridad en Why We Buy:
el comportamiento de compra está profundamente influido por el entorno. Un espacio puede invitar, orientar o generar rechazo sin que el cliente sea plenamente consciente.
Desde mi experiencia, cuando un negocio falla en su espacio, rara vez es por estética. Suele ser porque no hay una intención clara detrás del diseño.